Opinión por Javier Olaberría
Hay una serie muy interesante en la plataforma Amazon, contrafáctica, que se llama El Hombre en el Castillo (The Man on the High Castle), basada en un bestSeller homónimo escrito por un tal Phillip Dick, que describe lo que pudo haber pasado en caso de que haya sido el Eje (y no los Aliados) quien hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial.
Eso que “pudo haber pasado” significa (en la trama) que, en vez de haber sido Alemania la que hubo de repartirse entre los Aliados y la Unión Soviética luego de la Segunda Guerra (post Conferencia de Yalta), el plato que aquí se reparte es nada más y nada menos que los Estados Unidos de América.
Como soy un hombre respetuoso del televidente, no la voy a spoillear; aunque sí voy a aprovechar para remarcar algunas escenas más que interesantes para quien quiera tentarse a verla: como por ejemplo que en Times Square (Nueva York), esquina que en la realidad está contaminada de propagandas de emporios comerciales como Coca-Cola, McDonals, Sony o la mega empresa que fuere; en la ficción, la misma esquina, también está llena de propagandas… pero de Joseph Goebbles, de la S.S. y del Imperio Nazi. ¡Y ojo! que eso es sólo en el lado Este, ya que la parte oeste le corresponde al otro Imperio “ganador” de la Guerra: al Nipón. En esta California ficticia lo cool no es hacer Surf o fundar una banda de rock and roll en los suburbios de Los Angeles; la posta es hacer Karate o danza japonesa o, quizás, volverse Samurai y/o conseguir algún ticket barato vía San Francisco-Tokyo (ciudades de una misma jurisdicción imperial). Es el Sol Naciente y no el Séptimo de Caballería quien gobierna thewestcoast.
Pero volviendo a la realidad y al día de hoy…, según dicen algunos analistas en estos días locos y tristísimos que vivimos, el hecho de que una potencia bélica invada a un país más pequeño y enfrente indirectamente a otro rejunte de potencia bélicas (como la OTAN) y el hecho de que éstas últimas presten armas en favor del invadido, estaría provocando una alianza entre la potencia invasora (Rusia) y otra potencia, como lo es China. Esla alianza que siempre temió y quiso evitar el muy oscuro, pero no menos astuto, de Henry Kissinger. Sociedad que complementaría una tremenda fuerza guerrera con una gigantesca fuerza económica sumado a una casi interminable extensión territorial entre una y otra. El sólo hecho de pensarlo, da escalofríos.
Nadie sabe, igualmente, qué es lo que pasará a corto o largo plazo. Nadie sabe si Ucrania logrará ser vencida y si el país será repartido entre Rusia y China o entre Rusia y EEUU, o entre estos y la OTAN, o, por qué no, que Ucrania logre resistir y se declare independiente de esos tres imperios (ojalá). Aunque no me animo a hacer futurología.
Lo que sí puedo decir es que en esa novela que describo más arriba, entre el lado este y el lado oeste hay una zona neutral: un territorio de nadie pero muy rico en recursos naturales y en contrabando. Y es ahí donde nace la primera curiosidad del espectador: esa franja neutral ¿será la eventual causa que podría enfrentar a esos socios que son Alemania y Japón?
Si ese suspenso ¡que es ficción! da miedo, imagina entonces el sólo hecho de pensar qué cosa podría enfrentar a China con Rusia luego de sus primeros años de affaire sentimental.
Hay un viejo dicho que dice que “dos machos alfa no convivirían juntos en una misma jaula”. La historia dirá si “machirulos” como Vladimir y Xi podrán desmentirlo.
NO A LA GUERRA.
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